Escribí este texto para prologar el libro "LA ÓPERA HOY
LA ÓPERA AYER
LA ÓPERA SIEMPRE"
con los artículos que con tema operático escribio el poeta Eduardo Lizalde
y publico "ESCENOLOGÍA A.C" y "CONACULTA"
(Consejo Nacional para la Culturay las Artes). en México el año 2003.
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PRÓLOGO. Manuel Yrízar.
“Canta el hombre y construye
con su lengua el sabor de lo que canta.”
Eduardo Lizalde “ Cada cosa es Babel”.
Verdadero banquete operático. Este rescate de artículos desperdigados, perdidos en diarios amarillentos de hemerotecas frías y poco frecuentadas, rescatados, salvados, juntos. La paciencia y acuciosidad, unida a una terquedad digna de todo elogio, del investigador Edgar Ceballos, nos permite, ¡ por fin ¡, ver reunidos en un tomo una antología de los artículos que el poeta Eduardo Lizalde ha escrito sobre un tema que lo ha apasionado toda la vida: la ópera. De otra manera todo este valioso material, nacido de la pluma y el alma con prosa sabia, se hubiera perdido para siempre, como tantas otras cosas valiosas que nuestra incuria y desmemoria ha logrado extinguir.
“Los dioses vocalizan,
tienen por celda el arpa,
no pasan de la tecla.”
(E.L. Ídem)
De la línea de poetas-cronistas mexicanos, que nos viene de Gutiérrez Nájera, Prieto, Nervo, Urbina, López Velarde, etcétera, Eduardo Lizalde, uno de nuestros más reconocidos e importantes poetas vivos, lleva en la sangre desde siempre la enfermedad incurable y mortal llamada “operitis aguda”. Desde niño fue infectado por ese mal en su propia casa. Juan Ignacio Lizalde, padre del futuro operómano, además de excelente dibujante, era un fanático de la ópera y de las grabaciones. Los niños Lizalde estaban acostumbrados a escuchar a los grandes cantantes en los discos gordos y pesados de 78 RPM ( revoluciones por minuto) que adquiría su papá y que disfrutaban grandemente en el seno del hogar familiar. Esta afición llegó, por línea directa, heredada de sus padres, código genético fatal y trágico, a sus talentosos hijos. Que sea para bien. Por tradición la familia Lizalde-Chávez compartía esa afición de escuchar y comentar esas preciosas grabaciones con parientes y amigos. Y aún conservan esa arcaica costumbre.
Recuerdo muy bien un día en que mi amigo, el ingeniero Humberto Terán y yo, ambos operópatas galopantes consumados, visitamos al melómano en su casa y, en un rito pleno de teatralidad y de misterio, colocó un CD en el aparato de sonido. De las bocinas empezó a brotar una voz portentosa que llenó la estancia con armónicos estentóreos y deslumbrantes: Titta Ruffo, el rey de los barítonos, cobraba vida nuevamente en esa sala. Al mirar en nuestros rostros sorpresa y admiración Lizalde exclamó divertido: “ ¡ Es infalible ¡… esto mismo hacía mi padre con sus invitados.”
De la rama materna los Lizalde Chávez heredaron también sus conocidos “Vozarrones” de bajos-barítonos .De ello dan testimonio no solo su primo hermano, Óscar Chávez, afamado cantautor, dedicado a ese oficio, y a la actuación su hermano Enrique, sino el propio Eduardo que quiso ser cantante de ópera. Para ello, siendo todavía un imberbe adolescente, entró a estudiar a la Escuela Superior de Música. Cuando se encuentra de buen humor y en vena, el vate-cantante todavía nos logra asombrar con su voz poderosa y bien timbrada, educada dentro de los más severos cánones de la escuela clásica italiana, entonando, con afinada voz, alguna aria de su cuerda y tesitura. Ya lo ha confesado el poeta, y aquí aparecen sabrosas narraciones al respecto, que una de sus vocaciones frustradas, lo reconoce abiertamente, fue la de no haber sido cantante de ópera. Alguna vez, conversando con él sobre el tema, le hacía ver que no obstante ese hecho es uno de nuestros más grandes poetas, “ ¡ No me consuelas ¡”, me contestó con ese humor irónicamente negro que lo caracteriza.
“Malos tenores
tipludos como inmensos niños castrados,
hacen santa escoleta.”
(E.L. Ídem)
Además de la erudición enciclopédica que posee el autor de éste volumen, nunca pensado como libro, las crónicas y críticas de Enésimo Nemo pueden leerse como una charla entre amigos. Es una de sus virtudes. Escritas a vuela pluma, o tunde-máquina, conservan la frescura de la nota redactada de prisa para ser entregada al periódico que la publicará al día siguiente. Alguna vez me tocó acompañarlo al diario “ El Nacional” , ya desaparecido, viajamos en Metro, a entregarla recién salida del horno. Yo me convertí en un ávido lector de esas prosas de ópera y solo compraba ese diario todos los lunes para leerlo a él. Cátedras deliciosas sus artículos me enriquecían y divertían enormemente con su sabiduría musical, poética, literaria, dramática, filosófica, pues todos estos ingredientes se entrelazan y mezclan sutilmente en los textos. Modesto, el periodista se disculpaba de que todo lo que escribía para la prensa era efímero y sin importancia. A mí nunca me lo pareció. Todo lo contrario. Por eso leía y releía sus notas con gusto casi morboso, las recortaba y guardaba, y he vuelto a gozar de ellas ahora que se recopilan en gordo volumen.
“El ruido es un gran perro como el del vecino,
un Kipnis, un Talvela,
un gran bajo profundo de omitidos armónicos.”
(E.L. Bitácora del sedentario.)
Tanto el conocedor como el neófito encontraran en este libro valiosa información. Los hará volver a vivir, recordar las funciones compartidas, renacer de nuevo purificados por el aire nostálgico de lo efímero, de lo ido, de lo que nunca más volverá.
Quienes estuvimos ahí, en esas funciones, en nuestra butaca de villamelón encandilado, sorprendidos por el prodigio vocal, los adornos, coloraturas, filados, notas altísimas y poderosas, interpretaciones sentidas y expresivas o sufrientes ante desfiguros, “gallos”, desafinaciones, descuadres arrítmicos, tormentos del tenor que sufre y aprieta el agudo que nunca llega, o sopranos desgañitadas o tremolantes; accidentes irrepetibles y fortuitos.
Quien no asistió podrá imaginarlo todo pues el autor sabe meter al lector en el asunto tratado. Sorprende la vastedad de los temas: TODO lo que un operópata debe saber lo encontrará en éstas páginas: el misterio de la voz, la técnica vocal, la historia y las historias de los grandes cantantes y compositores; los libros, las enciclopedias, las revistas especializadas; los sesudos problemas que tiene que resolver el intérprete para llegar a la cúspide y no caer en el abismo; Los intríngulis que acontecen en el foro entre “piernas”, “bambalinas” y “bambalinones”. Las puestas en escena tradicionales y modernas; los concursos de canto. Con ojo de lince. “ lince de linces, el poeta”, Enésimo Nemo posee la rara virtud del vidente. Sabe ver, sabe oír, sabe escuchar. Crítico atento siempre, puntiagudo pero generoso, atina en el elogio y no desdeña señalar la pifia, el descalabro, pone el dedo en la llaga, con elegancia, con clase, sin ofender nunca al artista, alabando lo alabable y señalando defectos y carencias. Difícil la labor del crítico: ser justo juez.
Los conocimientos y la experiencia en estos menesteres hacen que cada función de ópera reseñada esté admirablemente sustentada en el conocimiento y en la inteligencia. Su técnica consistía, antes y después de la presentación de un título operático, en ir preparando al lector que asistirá al teatro proporcionándole los datos más importantes de la obra que presenciará. Nos enteraremos así de las circunstancias que llevaron al autor a componer esa obra, su estreno, sus principales intérpretes, quienes la han cantado, cuando, donde, como, porque.
Verdadero promotor del arte lírica el cronista es nuestro guía, nuestro Virgilio en los nueve círculos infernales y en los nueve círculos celestes. El conoce el camino y nos señala la senda secreta. Iniciador de los iniciados: maestro. Ya a la hora de la verdad, después de presenciar, gozar o sufrir la función, nos platicará lo que pasó. Nos narrará su experiencia con diáfana claridad. Podremos estar de acuerdo o no con él, cada espectador es un mundo, pero aunque difiriéramos de su punto de vista personal sabremos reconocer que sus razones son valiosas y están bien sustentadas. No hay engaño.
“El croar de una vitrola de los veinte…”
(E.L. Cada cosa es Babel.)
Merece comentarse también lo enriquecedor que resulta este libro para el discófilo y coleccionista. Eduardo Lizalde es un cazador de grabaciones. Efímero arte si los hay este del drama musical. Todos sabemos que cada función es única e irrepetible. Pero, afortunada o desgraciadamente, queda el registro sonoro o audiovisual. Imagen y sonido. Gesto y voz. Atrapados en la telaraña de la electrónica. Capturadotes de instantes, como los poetas. Los ingenieros de grabación de audio y vídeo tratan también de atrapar lo inatrapable.
Aunque a nada se asemeja la experiencia en vivo del suceso operático podemos consolarnos con esa “música enlatada”. Habemos algunos que a eso dedicamos nuestros anhelos. Desde los prehistóricos ( Lizalde dixit) cilindros de cera, pasando por los discos de 78 o los LP de 33 ½ hasta los CD, las cintas de carrete abierto, los casetes,(cajitas), Betas, VHS ,Lasser disk, DVD y la novedad que aparezca hoy, ahí está el tigre siempre acechando a su presa. Nada se le escapa. Viajero incansable se da su tiempo para buscar su alimento en la “selva oscura” de Mixup. Gandhi o Tower Records. Un nombre, una portada, un incunable inencontrable han sido avisados. No hay salvación. Y una vez hincado en él su colmillo afilado, luego de engullirlo y saborearlo, tiene la gracia de compartir el bocado. Y así lo ha hecho en la radio y en la televisión. Innumerables son los programas que ha realizado. Yo tuve la enorme fortuna de ser el productor del programa que el dirigía “Cien años de ópera en México “ que se transmitía cada semana por el Canal 22. Fueron 225 programas sobre un tema único: la ópera. Así pudimos convivir con mucha frecuencia durante esos años con el mago. Era sorprendente ver como salían de su chistera las grabaciones, los vídeos, los libros, las fotos, las colecciones, acumuladas durante su vida, día tras día, año tras año, y generosamente compartidos con el anónimo público televidente. Alguna escritora amiga me pidió un día que cuando viera al maestro le agradeciera que por el pudo conocer a la Tetrazzini. Vuelto una celebridad televisiva la gente lo saludaba y felicitaba deteniéndolo en la calle o en el supermercado, o en cualquier otro lugar donde descubren al siempre escurridizo e inasible, cuervo, zorra, felino, el siempre querido y admirado maestro Eduardo Lizalde.
“El grito que consigue acomodar la forma de la cúpula
a sus carnes,
que esponja el foro y el teatro en sus vibrares
de suprema tiple,
será el poema.”
(E.L. Ídem.)
Una anécdota: en una de nuestras múltiples charlas, hablemos de ópera, le expresaba, dolido, la envidia que le tenía por haber sido uno de los privilegiados de escuchar en vivo a la Callas, hecho imposible para mí, pues era muy niño cuando vino a México en los 50s, lúcido contestó:” Pero no vi ni oí a Claudia Muzio, que admiro y oyó mi padre.” Quienes todavía alcanzamos a algunas glorias, ya en sus finales grandezas, Corelli, Di Stefano, Kraus, de los Ángeles, Suliotis, Marton, y otros, quizás seremos envidiados por un sobrino nieto que nos lo reprochará.
Pasado, presente, futuro. El tiempo. De esa sutil materia intangible está construido el libro que tienes en las manos: la ópera hoy, la ópera ayer, la ópera siempre.
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Manuel Yrízar. Viernes 24 de octubre de 2003. Ciudad de México.

Soy hijo de uno de los mejores cantantes de opera de haya habido en mexico desde 1947 hasta finales de los 60, el tenor JOSE MENDIETA ARZATE.
Me gustaria se publicara su biografia via internet, favor de indicarme que debo hacer.
Felicito al Maestro Lizalde por sus agradebles comentarios de opera.
Quedo en espera y me repito incondicionalmente a sus apreciables ordenes.
Atentamente
Lic. Jose Mendieta Aznar
Estimado Sr. Mendieta: Podría usted abrir un Blog com este y publicar lo que desee sobre su señor padre. Muchos estaríamos interesados en leer sobre su carrera artística. ¿De que cuerda era? ¿En que teatros canto? ¿Cuáles fueron sus caracterizaciones más gustadas y aplaudidas?
Y con mucho gusto le daré su saludo a Eduardo Lizalde. Muchas gracias.