“L’ORFEO” de Claudio Monteverdi.
Teatro de Bellas Artes.
México DF. domingo 13 de mayo de 2007.
Por Manuel Yrízar.

Lazarito de mi vida y de mi corazón:
Necio como soy (Manuel y Mula festejan su santo el mismo día)
nada más me sueltan la rienda un poquito y... ¡patitas pa’ que las quiero¡ Así que mi primera salida a
casi un mes del Roberto (madrazo) que me puse en el pie el día de mi metida de pata (otra más, ay, de tantas)
quise verlo y oírlo con mis propios ojos y oídos: "L'ORFEO" de Claudio Monteverdi versión Ottorino Resphigi.
“A las cinco en punto de la tarde… llora García Lorca la muerte de su amigo torero Sánchez Mejía.
“Eran las cinco en punto de la tarde.. Y nosotros lloramos la muerte de Euridice.
Tal vez por esa muerte de la bellísima esposa del cantor Orfeo era que todos salieron de negro. Enlutados. Fúnebres.
El escenario del foro del Teatro de Bellas Artes se fue poblando de negras apariciones que entraban a ocupar sus sillas
puestas frente a nosotros para encararnos cariacontecidos y solemnísimos. Eran los cantantes del coro, hombres y mujeres
de negro con sus negros trapos y sus forradas de negro partituras funerales. Luto, mucho luto como si alguien hubiera
muerto. Más enlutados había ahí arriba que en las salas de la funeraria Gayosso. Y de arriba veían al respetable.
Un poco de color no hubiera estado de más. Pero solo la guapa mezzosoprano Carla lleva un vestido azul.
Luego otra guapa de la misma cuerda sacaría uno naranja. Era Belem Rodríguez que mucho nos encanta su voz de mezzo.
Por fin vemos brillar una calva querida y conocida: Guido María Guida aparece en el foso cosa que mucho agradecemos.
Un acierto meter a los queridos maestros músicos pues para trajecitos y vestiditos negros ya muchos tenemos arriba.
La batuta del italiano vecino de Torino (Turín) da la entrada a la TOCCATA y ya el sonido nos desconcierta.
No conocíamos la "Intervención" o "trascripción o realización libre" que hizo de la partitura del XVI con lenguaje
postromántico, postwagneriano, del también italiano Resphigi en el XX. Sonaba distinto. Era diferente ese sonido.
En la nota al programa Brennan plantea el asunto. "Reacción mixta...contradictoria" ha tenido la crítica sobre ello.
Acostumbrado a oír a Claudio Monteverdi en versiones antiguas el nuevo color de la paleta orquestal, la mayor dotación
y la particular manera de orquestar, el ESTILO distinto, diverso, diferente, nos sorprende. Música renacentista sonando
romántica. Un amigo nos decía: "No me gusta. Es como si le pusieran gruesas pinceladas de óleo a una acuarela." Eso dijo.
A mi me causó extrañeza.
Lo que sentía era que la música del "Maestro di Capella della Serenissima Republica" que fuera " Rapresentata in Mantova
L'Anno 1607" sonaba como si la hubieran "agrandado" artificial o artificiosamente por decir lo menos. Amplificada en tamaño
pero, tal vez, disminuida en su esencia original. Como si el sonido de una "orquestita" quisiéramos oírlo como "orquestota".
No por ponerle ropa a la ninfa parecerá más bella que desnuda.
A mi, lo confieso, me gusta más la versión con dotación reducida con una orquesta de cámara. Tal vez sea la costumbre.
Lo que si considero imperdonable es que no se haya puesto en escena.
Esta "FAVOLA IN MUSICA" es ópera porque esa acción dramática fue pensada para ser "RAPRESENTATA".
La música es música teatral.
No funciona de otra manera.
Su esencia se desvirtúa.
Aunado al desequilibrio que una música agigantada tal vez pretenciosamente hace que una desproporcionada masa orquestal
tape a las voces que "cantan" como pastores o ninfas, o dioses o semidioses, más cercanos a la atmósfera de un laúd o de una flauta
de pico que a sonoridades postwagnerianas. Orfeo tocaba su lira al bajar al averno a buscar a su perdida Euridice y el resultado
sonoro es como el de Sigfrido penetrando en el círculo de fuego para despertar a Brunilda. Acción sobredimensionada.
Y como no hay nada en la escena que dé cierto balance teatral al suceso dramático, si en el escenario solo vemos
a fúnebres cantantes mal vestidos de corbatín y traje negro, si Orfeo bebe su botellita de agua electropura y sube y baja
el atril, se para y se sienta en el mismo lugar fijo, y la Música, los pastores, la esperanza, la mensajera, Caronte,
Proserpina, Plutón, Eco, los Espíritus, y el mismísimo Apollo, son suplidos visualmente por asustadizos cantantes que tiesos
pajarean para ver la partitura, que suben y bajan del coro, no sabemos porque razón, si toda esta parafernalia de seres mitológicos
entrañables son nuestros queridos conocidos Jorge, Carlos, Oscar, Guillermo, si son nuestras admiradas Lucía, Alba, Mayte o Carla
vestidos más para un entierro o rito fúnebre. Si en lugar de ver aparecer a los Espíritus infernales vemos al coro del teatro
con caras de coro del teatro todo encantamiento desaparece. Se vuelve una parodia. Una grotesca caricatura mal pintada.
Por mucha música rimbombante que escucháramos, por mucho canto garigoleado que oyéramos, (que no era el caso),
por mucho que cerráramos los ojos tratando de imaginar a Plutón conmovido por la súplica de Proserpina, lo que "pasaba"
arriba del escenario, no pasaba absolutamente nada, todo lo desmentían. El aburrimiento era abominable. Bostezo.
Al salir del teatro comentaba un amigo de lucidez impresionante que el luto con que vestían todos era explicable.
No era a Euridice la muerta a quien llorábamos. Era a la ópera de México a quien habíamos matado.

Manuel Yrízar.