Luego de la muy fallida presentación en el teatro de Bellas Artes de la ciudad de México la mayoría de los críticos coincidimos en que el tenor Brian Stucki no tenía los tamaños para llevar a buen puerto su papel del conde Almaviva en las funciones que cantó, es un decir, del título de Rossini "EL BARBERO DE SEVILLA". No obstante en el Blog amigo de Jose Noé Mercado hubo alguno a quien le gusto mucho y salió en su defensa valientemente de manera anónima.
Esto le contestamos al innominado villamelón. Más claro ni el agua.
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El tenorcito Brian Stucki.

No se trata de gustos de los que que se gastan géneros sino de mero sentido común y de orejas limpias. El tenor Brian Stucki podrá caerles mal o bien a sus amigos y promotores, podrá ser lo simpático o antipático que se quiera, pero lo que no puede dejarse soslayar es que como cantante rossiniano es no solo malo sino malísimo. Y hay un porqué afirmamos contundente y rotundamente que lo es. Razones abundan para decirlo. Las hay de todos tipos, tamaños, colores y sabores. No se trata de gusto que puedo tenerlo bueno o malo. Se trata de objetividad. De analizar. De evaluar las cualidades y los defectos. De poner en una balanza y pesar. De ver a donde se inclina, de que lado, el platillo de la justicia. Sí. De juzgar se trata.

LA VOZ. Brian Stucki es poseedor de un instrumento tenoril de calidad ínfima, poco alcance y escasa resonancia, volumen muy pequeño que se vuelve inaudible en todos sus registros cuando la densidad orquestal sube minimamente. Cuando "parla" en los recitativos secos o con clave se le puede oír con un ingrato timbre que carece de belleza en su emisión. Es una vocecita que podría compararse a una flauta de carrizo rajada que, inaudible en sus registros extremos, el grave y el agudo, en el centro se sostiene con languidez. Melifluo y carente de armónicos el tenor podía calificarse como de primera fila. En la segunda ya no se escucha. Sus agudos, que en un tenor ligero es la región más interesante y poderosa, no existen. Ahogados nunca aparecen. Las coloraturas y los adornos que los requieren salen sobrando pues jamás aparecen. Ni trinos, ni “apoggiaturas” (apoyaturas), ni ninguna otra gracia que pide la partitura rossiniana. Lo mismo puede decirse de sus matices y sonoridades poco felices. En los variados conjuntos lo tapaban las otras voces y lo desaparecían por completo.

ESTILO. Cantar a un clásico belcantista, quizás el más genial de los compositores de ese periodo, es una especialidad que requiere de gracia, soltura, flexibilidad vocal, agilidad en el "cantabile" (cantable) y valor y fuerza ("coraggio") en las partes de "forza". Afinación perfecta y precisión rítmica impecable. Ninguna de esas características tiene el tenorino Stucki.

HISTRIONISMO. El "tenore di grazia" que canta el papel del Conde Almaviva requiere nobleza y distinción en su personaje. No solo debe ser un noble. Debe parecerlo. Tal vez no todo sea culpa suya, el director de escena también contribuyó, pero más bien fue ridículo su personaje timorato y blandengue, amariconado y sangrón. Aún tratándose del género “Buffo” (Cómico).Y así podíamos alargarnos "Ad infinitum" o "Ad nauseam". Ya no seguimos.

Y para rematar. El mismo "Director de la ópera" el talentoso músico José Areán, confesó-en una entrevista concedida al periódico REFORMA realizada y firmada por la periodista cultural María Eugenia Sevilla-que nunca antes lo había escuchado."Es un recomendado", confeso sin ruborizarse. Y otra cosa. Su inclusión se justifica plenamente pues en México carecemos de esa voz de tenor. Por lo mismo su importación esta ciento por ciento justificada. ¡Bienvenidos sean esas voces ¡ Tanta falta nos hacen.

Manuel Yrízar.