Patanería en galería. El Don Giovanni o "Johncito".

Por Manuel Yrízar.                         TERCERA PARTE

 

Ya bajó y subió el telón en dos funciones donde asistimos al "DON GIOVANNI" de Mozart en el Teatro de la Ciudad ESPERANZA IRIS. Apuntes.

Para no quedarnos únicamente en lo anecdótico por muy divertido o chocante que sea debemos puntualizar ciertas cosas. Hacer un análisis exhaustivo de la situación actual del panorama operático nacional requeriría de una tesis profesional. Ya existe por fortuna. La tenemos con nosotros y creo que es por ahora el documento más importante y analítico que se ha escrito sobre el tema. Se trata del libro titulado "LA ÓPERA DE BELLAS ARTES EN EL SEXENIO 2000-2006" que como Gran reportaje escribió para obtener el título de licenciado en periodismo el también crítico y novelista José Noé Mercado Suárez. En este libro que mereció distinción cuando se presento en la escuela de periodismo Carlos Septién García el próximo pasado 2008. En su trabajo Mercado pone atención en el tema y señala con inteligencia, rigor y fundamentos documentados, hasta donde le fue posible por la ausencia de documentación oficial, lo que ha venido sucediendo con la ópera en nuestro país. Ejemplar como punto de referencia el Sexenio de Vicente Fox sirve al autor para apuntar con claridad el patético y desolador panorama que priva en nuestro país en esa materia reprobada ya hace mucho tiempo. Ojalá que ahora las autoridades que encabezan la CULTURA y que auguran cambios definitivos en la misma, la maestra Consuelo Saízar, y el tenor Alonso Escalante, nuevo director de la Compañía Nacional de Ópera se tomaran el tiempo de leerlo y analizarlo. Les haría mucho bien.

Siguiendo con el "DON GIOVANNI" de Mozart apuntaremos otros asuntos.

En inteligentes notas la crítica ha señalado los diversos infortunios y garrafales errores en el divorcio que se dio entre la parte musical y la escénica. Pablo Espinoza de LA JORNADA lo señala con contundente claridad : "Lejos del espíritu mozartiano la dirección musical...(con) fraseos arbitrarios...(trazo) en el foso de la orquesta un rumbo distinto de lo que sucede en el escenario." Nunca coincidieron, ARMONIZARON, lo que sucedía con la batuta con lo que presenciábamos en el foro. Foro y foso sin gozo. La cópula amorosa nunca se dio. Interrumpidos los goces y las deliciosas amorosas del arte integral, drama musical, que quisiera Wagner.

¿Qué fue lo que sucedió? ¿Por qué pasaron así las cosas? Apuntamos respuestas.

Fijar una responsabilidad concreta no es fácil. Se diluyen los logros con las arbitrariedades. La manera como subió a escena la obra de Mozart pone de manifiesto la falta de una adecuada planeación, de una metodología de trabajo rigurosa, de un uso adecuado de los recursos técnicos y humanos, de un trabajo que señale objetivos precisos y concretos para la consecución de los fines. A medio camino entre la entrante y la saliente administración de la ópera este "DON GIOVANNI" pone en evidencia, como programa de niños de Chavelo, lo que sí y lo que no se debe hacer.

No puede dejarse la ópera en manos ineptas o en personajes que no por ser músicos tienen capacidades administrativas y políticas, conciliatorias, capacidad de decisión, conocimiento experiencia, autoridad artística y moral, experiencia demostrada de labor en el medio, mínimamente aprobada. Solamente la selección del director musical y de los cantantes nos demuestra que quien lo hizo no tiene la menor idea de las características vocales e histriónicas que una ópera como ésta necesitan y requieren.

Un "DON GIOVANNI" donde el Disoluto punito , seductor y mujeriego arquetipo mítico, "...un verdadero Don Juan Tenorio, disipado, loco, atrevido, burlador, valiente..." como nos recuerda un cronista decimonónico citado por el investigador Octavio Sosa en su documentada nota al programa de mano, se haya convertido en un gringo "guapito" un tanto afeminado sin la voz de

BAJO (o barítono) que el personaje requiere. Un Don Juan sin Don Juan. O, como dice el título de esta nota, un DON GIOVANNI transformado en JOHNCITO.

Esto se hizo notoriamente evidente y manifiesto en la manera ridícula y triste, vocal y escénicamente hablando, que tuvo el "bajo" Christopher Schaldenbrand, nacido en Detroit, que no sabemos porque trajo Pepito Areán, ( ya trajo al tenorcito abominable Brian Stucki a un Barbero) contando en México con voces tan importantes y privilegiadas en ese registro como lo son Genaro Sulvarán, Carlos Almaguer, Juan Orozco, Jesús Suaste, Alfredo Daza, verdaderos y comprobados BARITONOS MEXICANOS. ¡No se vale¡

(CONTINUARÁ)