"EL JUEGO DE LOS INSECTOS" de Federico Ibarra.
Por Manuel Yrízar.
"No creo en el ser humano. Me gustan los insectos." (Karel Cápeck)
Con un riquísimo discurso musical que se continua perpetuamente desde que inicia hasta que se difumina como un rayo de luz que mata a la crisálida nocturna esta ópera, "El juego de los insectos" del mexicano Federico Ibarra me hizo reír hasta las lágrimas a carcajada batiente como salir pensando que así es el mundo de los hombres y que no me interesa, como dice el Vagabundo de la obra.
Obra de plena madurez de este compositor que ha insistido en éste difícil género que tanto ama y disfruta componer Ibarra ha decantado su estilo personalísimo e inconfundible y profundizado en su voz original y rica. Esa música no admite concesiones ni frivolidades a pesar de estar compuesta de un depurado, rico y exquisito lenguaje que suena familiar pero distante de los cánones convencionales. Música que aparente facilidad para el oído del escucha pero que en realidad está escrita con extremo rigor extremo y riqueza de lenguajes disímbolos. Adecuada a las historias espeluznantes que se nos narran en el devenir de la acción dramática esta ópera implica lecturas diversas en una aparente contradicción de humor, sarcasmo, escarnio, bromas, siempre negros. El Vagabundo es solo un testigo que llegó no sabemos cómo ni cuándo, pordiosero y siempre alcoholizado, a este mundo donde pululan y habitan los insectos tan parecidos y distintos a nosotros que nos vemos deformados pero reales en ese espejo grotesco. Es la música de Ibarra en MOTUM PERPETUO la que nos envuelve y seduce con el canto personal de estos seres. Es esa música cambiante y variable que va hilando sin costuras visibles, danzas y marchas, atmósferas, ricos cambios de ritmo y de tiempo, atmósferas disímbolas, música que fluye incesante y que arropa, cubre y descubre, clarifica y ensombrece, a esos insectos que vemos y sabemos cercanos, entrañables, familiares en su extrañeza.
Una Crisálida, el Señor Escarabajo y la Señora Escarabajo, un Parásito, la Mosca y su Larva, la Señora Grillo y el Señor Grillo, la Hormiga Ciega, un Ingeniero y una Ingeniera, un Científico, la Mensajera, las Mariposas 1, 2 y 3, así como Félix. Otto, Clytia e Iris son la fauna fantástica que tanto se nos parece y retrata como somos o aparentamos ser.
Los cantantes solistas que dan vida y cuerpo a estos seres dirigidos por el veterano maestro Rufino Montero, quien recibió aquí la MEDALLA DE BELLAS ARTES por su meritoria trayectoria artística, pertenecen al grupo por el fundado SOLISTAS ENSAMBLE del INBA, con Eric Fernández al piano y la dirección de escena de Moisés Manzano nos brindan un espectáculo digno de aplauso.
CONTINUARÁ.

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