NO CUAJÓ EL FLAN.
"DON PASQUALE" o lo pretencioso fallido. Por Manuel Yrízar.
Aburrida y de bostezo me resultó la función de ayer de la ópera "Don Pasquale" de Gaetano Donizetti en la Salita Covarrubias de Cultisur. Salvo contados momentos la música brilló por su ausencia. Vodevil o sainete que pretendió ser minimalista y moderno resultó mínimo y anticuado. Un elenco con talentosos cantantes jóvenes y un debutante protagónico que fueron los ingredientes prometedores de un postre que resultó más amargo que dulzón. La leche se agrió. La vainilla se agrió. Los huevos salieron fofos. El flan no cuajo.
Desde la obertura la orquesta pifió y nunca se compuso. Mal ensamblada y pesante la música deliciosa de Donizetti no fluía. Lenta como mazacote la desafinada orquesta de "hueseros" llamada pomposamente "Ensamble Filarmonía" ni ensambló ni menos armonizó. Vanos fueron los esfuerzos del buen músico novato Rodrigo Macías para cuadrarlos y meternos a los tiempos de su batuta. Desperdigados y cuchos los temas del compositor italiano se volvían irreconocibles y patéticos. Música de factura italiana cálida y elocuente mal sonaba en el fosito mientras un telón bajaba y subía y un hombre gordo dormitaba en una silla como una plasta: era Don Pasquale que soñaba. Nunca despertó. Nos durmió de tedio y aburrimiento. Toda la función lo bufo se volvió fofo. Lo cómico carpero. Lo sublime pedante. Gris el color. Eso que alguien llamo cursi: pretencioso y fallido.
Oppenheim, cansado y pesado, sin aire, resultó una plasta.
Solo se le escuchaba engolado y solemne en los recitativos. Cuando cantaba, sobre todo en las agilidades imposibles, su vocecita se perdía entre la orquesta rimbombante que lo tapaba. Antipático el simpático perdió toda comicidad. Entendimos porque Sofronia lo cachetea. Merecido lo tenía. La Norina de Rebeca Olvera deliciosa por momentos fue caricaturizada malamente por la dirección de escena quien aun así no acabó del todo con su gracia y bellísimo carisma juvenil. Un bombón exquisito. Cereza del flan casi se hunde. El Ernesto de Javier Camarena se convirtió en un niño bien popis y pirrurris vago y holgazan. El Doctor Malatesta de Josué Cerón sale avante por presencia propia y personal. La dirección escénica de José Antonio Morales tiene momentos brillantes y vistosos en contadas ocasiones. Felices algunos como gags graciosos y atinados pero todo el tiempo los actores inmóviles invitan a dormitar. La escenografía con guiños surrealistas a Magrite es de una pobreza extrema. Escasez de recursos y de imaginación. Miseria. El vestuario del coro espantoso. Coro malísimo descuadrado y desafinado. Dos momentos salvaron tanta medianía: el aria de Ernesto "Que noche gentil de mediados de abril" y el dúo de amor con Sofronia-Norina "Vuelveme a decir que me amas" donde Camarena y Olvera demuestran porque son de nuestros mejores valores dentro del panorama internacional.
Engolosinados y pretenciosos los autores del "Don Pasquale" lograron hacer ingrato y pesado el postre. La golosina, el flan, no cuajó.

la verdad que el que no cuajo fuiste tú....
la opera de Don pasquale es una verdadera obra de arte, los cantantes son fantasticos y la obra en general es estupenda, lo que pasa es que tu mente no te alcanza para apreciar otro tipo de arte...