La Condenación de la Ópera.              Por Manuel Yrízar.

De antemano quiero dejar claro que esta reflexión crítica toma solamente como base la función de ópera en forma de concierto de "La Condenación de Fausto" de Héctor Berlioz que se presento en la sala Nezahualcóyotl  de la UNAM el pasado domingo 27 de septiembre y que se repitiera el día 1 de octubre de 2009.

Salvo alguna aria del tenor me era totalmente desconocida éste título francés. La experiencia fue por lo tanto totalmente novedosa. No me disgusto. La obra no es lo mejor que surgiera del genio de Berlioz pero tiene páginas bellas y elocuentes. La orquestación y el uso de los coros se sustentan en un argumento de episodios del Fausto eslabonados en números dispares preñados del lenguaje más romántico del autor de la Sinfonía Fantástica. El Fausto que construyen los libretistas, el propio compositor y Almire Gondonnière , me pareció bastante alejado del original de Goethe que recuerdo haber leído con febril pasión de un tirón desde que lo empecé hasta terminarlo sin hacer ninguna otra cosa incluido comer o dormir: me atrapó de tal manera que es una de mis experiencias literarias más importantes: vital e inolvidable. Un Fausto desabrido y decepcionante. Mejor librados quedaron Mefistófeles y Margarita aunque tampoco tengan mucho que ver con los que el genio alemán concibiera. Pero así pasa con muchos títulos clásicos: desmerecen totalmente cuando son trasladados al género operático. Ejemplos sobran. El coro tiene las páginas mejores. Y la orquesta se luce en ocasiones. No es una ópera propiamente, nunca pretendió serlo, pues carece da acción dramática propiamente aunque es muy factible escenificarla con mejores o peores resultados. Dentro de la literatura operística no ocupa ni ocupará lugar sobresaliente.  Una curiosidad producto de la "casualidad" nos hizo conocerla.

El resultado ya ha sido cronicado o reseñado por nuestros reseñistas y críticos. Coincidimos con la mayoría en señalar el buen desempeño del coro y la orquesta bien dirigidos por Ivan Anguélov y Xavier Rives con un elenco encabezado por los mexicanos Ramón Vargas y Jorge Lagunes, la albanesa Enkeledja Shkosa y el español Rubén Amoretti. Notorio fue que la voz de Vargas, la más lírica y pequeña del elenco fue abrumada y a veces acallada por la poderosa trama orquestal, el volumen exagerado de la orquesta y un coro poderoso y numeroso. No es lo mejor que le hemos al tenor internacional que no lució como nos tiene acostumbrados con roles más adecuados a su cuerda lírica. Los importados poseen instrumentos más grandes y potentes que no tuvieron los problemas que enfrentó el tenor.

Cabe preguntarse nada más si es esta puesta a modo de un gran cantante lo mejor en una mal llamada "Ópera de Bellas Artes" que tiene ya muchos años de estar más condenada a muerte y a los infiernos que éste Fausto prescindible.

 

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