"La Traviata" de Verdi. Compañía de Ópera de Morelos.                                         Por Manuel Yrízar.

 

Nivel artístico alto, conforme a los parámetros acostumbrados de mediocridad predominante en el gris panorama nacional de nuestro arte lírico, "La Traviata" de Verdi escuchada en el Teatro Ocampo de Cuernavaca, Morelos. A teatro lleno y con gente que no pudo entrar ya este viernes ni lo podrá hacer el domingo constatamos que pueden hacerse bien las cosas cuando se trabaja con pasión, entrega y conocimiento en la consecución de los objetivos que se persiguen. A esta conclusión llegamos y apoyaremos con argumentos y razones porqué lo decimos. No podemos hablar por hablar. Tenemos que fundamentar. Eso pretendemos hacer en esta crónica. Diremos porqué.

 

Muy críticos solemos ser cuando pretenden darnos gato por liebre ofreciéndonos como oro bisutería de ínfima calidad artística. Se les olvida que no es gratuito andar por los escenarios de México y el mundo y revisando el material histórico que existe para poder opinar con conocimiento de causa. Piensan engañar diciendo que es elixir de amor el tanguarnís barato que nos ofrecen ofendiendo nuestro paladar. Hemos llegado ya extremos absurdos y nada gratuitos por lo que esto implica el deterioro sufrido en nuestra instituciones culturales acaparadas y regenteadas por improvisados puestos por dedazo en altos cargos administrativos cuyos antecedentes sombríos no los ameritan ni a cantar un partiquino y que dirigen los destinos de nuestro máximo teatro de ópera próximo a reabrirse. En el Estado de Morelos, para fortuna de sus ciudadanos, en el terreno de la ópera se ha hecho una buena elección al dar la responsabilidad  de hacer ópera, que es de lo que se trata cuando se funda una Compañía a un equipo de trabajo que sabe y conoce el percal o la seda para hacer el traje adecuado. Que con ambos materiales pueden hacerse ropajes dignos que no desmerezcan ni enseñen las vergüenzas. En el caso que reseñamos se contó con el cerebro adecuado que ha sabido atar hilos y sabido rodearse de gente que comparta ideales e intereses en común. Lo esta haciendo y bien. Los resultados están a la vista. Solo hay que verlos. Veteranos con muchos años en el medio tanto el Director del teatro Ocampo, Jesús Quintero, con experiencia en recintos tan importantes como el de Bellas Artes o el de la ciudad Esperanza Iris con otro Jesús, el barítono y promotor cultural Suaste, acompañados por un equipo entusiasta y trabajador están demostrando con hechos que es posible hacer ópera con imaginación y sin despilfarro. Con dignidad y solvencia. Ofreciendo resultados que pueden constatarse.

 

En esta puesta en escena de una de las obras más socorridas y gustadas del repertorio se contó con la dirección concertadora de un músico que desconocíamos y que nos habían dicho que era uno de los jóvenes directores más importantes de México que lleva ya varios años siendo director artístico musical de la Orquesta Filarmónica del Estado de Chihuahua consolidando un repertorio extenso de óperas. Muchas cosas buenas nos habían dicho del maestro Carlos García Ruiz. Se quedaron cortos. Anoche constatamos que hay en este músico un verdadero talento en el mundo de la lírica mexicana. Desde que inició la función quede sorprendido de que lo que escuchaba en foso y foro era diferente a lo acostumbrado. La orquesta y los cantantes armonizaban felizmente y la obra corría con un dinamismo inesperado. Los tiempos eran ágiles y el fluir sonoro estaba impregnado de matices de gusto y control de la partitura tantas veces escuchada. Batuta dinámica y precisa. Experimentada. Rigurosa. Sin descuidar jamás los matices y las intensidades que requiere la acción dramática que miramos en el escenario. Las danzas de la fiesta del primer acto corrían con soltura sin atorarse jamás ni dejar huecos inútiles. Estructurada lectura que lograba hacer transcurrir el tiempo con energía. Tiene instinto y carisma para sentir y transmitir el discurso. Gramática y sintaxis. Drama. En el acto segundo Carlos García Ruiz, apréndanse bien ese nombre,  demostró su sabiduría como director concertador. Control y dominio. Estilo verdiano. No se limita a acompañar al cantante ni a marcar como un metrónomo. Hace música. Crea un tejido sonoro donde las voces de coro solistas armonizan y sobresalen con justicia. Colorea, matiza, logra acentos refinados aquí y fuertes allá. Es una balsa que surca el río sonoro conforme las necesidades del evento representado.

 

El elenco de solistas y partiquinos, el coro y los bailarines, todos son sometidos a esta batuta sabia. Leticia De Altamirano dio voz y vida a Violeta Valery. Soprano de bello timbre lírico supo dar a su personaje verosimilitud justa y emotiva. Calidez, emisión limpia, segura, con proyección fácil llena de color variado.  En sus duetos con los Germont supo agregar el carácter y el histrionismo adecuados al las circunstancias del drama acoplando voz y estilo en concordancia con sus contrapartes. Otro debutante, el tenor  Rubén Mora, canto un Alfredo adecuado vocalmente pero que madurará seguramente cuando asimile mejor un personaje que requiere ser cantado muchas veces más que esta primera. El veterano Jesús Suaste, en su doble papel del padre autoritario Giorgio Germont, papel del que ha hecho creación siempre personal y distinta, y de director de la compañía da el toque de distinción y la experiencia al elenco bien seleccionado. Los comprimarios son cantantes que requieren esta experiencia que les permitirá ir creciendo y destacando en sus incipientes aún pero prometedoras carreras. La dirección escénica de Cesar Piña nos pareció adecuada con guiños y homenajes al estilo inconfundible de su maestro el recordado y talentoso director fallecido Juan Ibáñez. Es de destacar la imaginativa y cuidada iluminación de Carlos Arce.

 

Confieso sin ningún rubor que hacia tiempo que no salía tan satisfecho de una función de ópera. Esa magia que se da en contadas ocasiones cuando baja la musa Euterpe a bendecirnos con su magia. Situación de privilegio que agradecemos. Mañana no vaya a Cuernavaca. Todas las localidades están agotadas. Quienes fuimos gozamos del privilegio de salir bendecidos de allí.