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“Las Bodas de Fígaro” de Mozart. Teatro de las Artes del CENART. Por Manuel Yrízar.

HACER ÓPERA: ESO QUEREMOS.

Ejemplar resulta la puesta en escena de la prodigiosa ópera de Mozart, el perfecto, para meditar y reflexionar sobre el tema de ese arte que en México se niega a morir por más que pretendan asesinarlo los fariseos de la cultura que nos desgobiernan injustamente: la Ópera. El espectáculo sin límites. La obra de arte integral.

Mientras que los que están obligados por ley a cumplir con una función pública como lo es el director de la Compañía Nacional de Ópera y sus esbirros que no es otra que la de hacer funciones de ópera, con todo lo que esto conlleva, y que llevan ya varios años en el puesto “culiatornillados” (palabra que tomo prestada del poeta Renato Leduc) en sus oficinas burocráticas donde transcurren las horas, muchas que pudiéramos calificar de “horas nalga” pues es por ese agotador trabajo de 12 horas por el que cobran su merecidísimo sueldo pagado con nuestros impuestos. Nada más póngase a pensar en que han dedicado el tiempo estos burócratas en estos tres meses que han transcurrido desde la última presentación de un título operático. Ayunos de ideas y de la más mínima imaginación, faltos de creatividad y conocimiento, estos disfuncionales funcionarios son una rémora del pasado reciente, herencia maldita e infértil de quien por dedazo sacrosanto lo colocara en un puesto para el cual no reúne ni el más mínimo perfil para ejercerlo. Quisiéramos saber que credenciales ostenta el tenor Alonso Escalante que no sea el de ser fiel servidor y amigo de Ramón Vargas, a quien representaba y sigue representando y sumiso a la par que servicial compinche de Sergio Vela quien lo puso allí y lo sostiene. Ningún otro le vemos al que ocupa el cargo máximo de la ópera en un país que tiene una historia y una tradición antes digna en el medio. Ni local ni internacionalmente tenemos lugar en la orbita del arte lírico. Somos, y es una vergüenza reconocerlo, un cero a la izquierda. Sencillamente no existimos.

Es por estas y otras muchas razones por lo que celebramos y festejamos que algunos amantes del género hagan el mejor de sus esfuerzos aun con las limitaciones a las que se ven constreñidos pero que no obstante la pobreza imperante logran sacar adelante los proyectos que se proponen, como lo es llevar a la escena del Teatro de las Artes la muy digna representación de la ópera “Las Bodas de Fígaro” de Mozart con un elenco de artistas jóvenes en un proyecto interdisciplinario que rinde frutos óptimos. Quienes asistimos a presenciar este trabajo salimos satisfechos de constatar que si es posible es hacer ópera cuando se quiere hacerla.

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Constituida esta compañía de Ópera por jóvenes artistas pertenecientes al TALLER DE PERFECCIONAMIENTO VOCAL que dirige el maestro Raúl Falcó atina al dotar de vida a la partitura del maestro de Salzburgo en el Teatro de las Artes del CENART. Verdadera obra maestra del genio de Salzburgo “Las Bodas de Fígaro” es partitura que el mozartiano mexicano Luis Gutiérrez Rubalcaba toma como su lema: Hell must be a place where there is not even hope of listening to 'Le nozze di Figaro'

El elenco fue dirigido musicalmente por el maestro Iván López Reynoso con un diseño y dirección escénica del músico polifacético y promotor Raúl Falcó. La preparación musical estuvo a cargo de la maestra Thusnelda Nieto. Participan también la ESCUELA SUPERIOR DE MÚSICA con músicos y cantantes del coro, la ESCUELA NACIONAL DE ARTE TEATRAL, la ESCUELA NACIONAL DE PINTURA; ESCULTURA Y GRABADO “LA ESMERALDA” y la ESCUELA NACIONAL DE DANZA CLÄSICA Y CONTEMPORANEA además de la ORQUESTA STRAVAGANZA. Todos estos artistas ponen todo de su parte para brindarnos un espectáculo digno, bien cantado y actuado. Los asistentes salimos contentos y complacidos con un gratísimo sabor de boca.

La conocida historia de enredos que combina todos los sentimientos humanos de amores y desamores y en los que el deseo es lo que prevalece los miembros del elenco se entregan con talento y entusiasmo a dotar de vida la partitura soberbia. Un elenco muy homogéneo y parejo donde toda la compañía destaca por su entrega y profesionalismo brindándonos todo su mejor desempeño vocal e histriónico. Los Condes Almaviva, aquellos enamorados de antaño hoy frustrados y aburridos que comparten el tedio matrimonial y buscan nuevas experiencias están cantados y actuados por Germán Olvera, barítono michoacano formado en el Conservatorio de las Rosas como muchos de los miembros de esta representación nos brinda un personaje celoso y pasional. Su sufrida esposa Rosina es la soprano María José Rodríguez, de timbre lírico oscuro, grata presencia y temperamento fogoso es quien al final recupera con dignidad el amor del marido infiel. La pareja de enamorados que luchan por celebrar sus nupcias sin contratiempos son el muy joven y versátil barítono Jorge Álvarez que actúa y canta un Fígaro convincente. Destaca por su histrionismo ágil y dinámico con gran seguridad, prestancia y presencia destacada en el escenario. Nos brinda una actuación casi balletistica pues sus movimientos parecen ser los de un cantante-bailarín. Muy simpático y de habilidosos gestos y mímica fácil. La esposa prometida es Cynthia Sánchez quien hace una Susana deliciosa y sentida. Muy joven y de bella presencia su lectura es de matices sutiles y nunca cae en exageraciones o vulgaridades. De seriedad ejemplar su feminidad descolla brindándonos siempre credibilidad. Destaca con una creación de su personaje Cassandra Velasco quien es un Querubino inigualable, adolescente febril y amoroso Adonis de amor que las quiere y consigue a todas. Rafael Blázquez dobla personajes. Su Bartolo es magníficamente logrado. Vis cómica da también al Antonio. La Marcellina de Zayra Ruiz esta cargada de comicidad y simpatía. Edgar Villalba da cuerpo y voz a dos personajes cómicos bien logrados: Basilio y Curzio. La casi niña pero ya precoz Barbarina queda en manos de Liliana Aguilasocho. Todo el elenco esta bien caracterizado y seleccionado. El Casting fue muy cuidado y cada cantante actor cumple su rol con eficiencia.

La puesta en escena de Raúl Falcó, clásica y tradicional en su concepto, esta llena de detalles sutiles de gran ironía fina siempre con elegancia y sobriedad. Hombre de ópera, sabe lo que son los elementos básicos que conforman el género, el teatro, que tan bien conoce y la música, de la que es un profesional. Leticia y yo salimos encantados y felices. Felicidad que es una de las razones de ser del arte lírico. Felicitamos a todos por su trabajo. Demostrado queda que pueden hacerse bien las cosas en México.