"La Güera" de Carlos Jiménez Mabarak en el Politécnico.

                                                                   Por Manuel Yrízar.

 

 

Escrita para la voz de la soprano mexicana Guillermina Higareda cantada ahora por su hija Lorena.

 

       Que difícil es para el cronista pretender ser objetivo (¿Existe eso siendo tan subjetivos como somos?) enfrentarse a una ópera que amamos como a una mujer que nos brindo sus mimos y deleites hace ya cerca de 30 años ( la primera representación de esta ópera del recordado y querido maestro Carlos Jiménez Mabarak se llevó a cabo en el Teatro de Bellas Artes en 1982) y que ahora vuelve a nosotros revestida con los ropajes de la nostalgia de cuando fuimos felices y la amamos con gran pasión e intensidad. Es ese mismo amor, sí, pero tamizado, matizado, edulcorado por el tiempo transcurrido que nos ha vuelto más escépticos y maleados, más curtidos y heridos, marcados con cicatrices viejas que ya no nos duelen tanto pero que al tocarlas nos hacen revivir lo ido tal vez para siempre. Los viejos amores son copas vacías en ellas pusimos un poco de amor... rezan los versos aquí adulterados pues el original dice otra cosa peor.

       

      Claro que los tiempos y las condiciones ya no somos, nosotros, y ellas, los de entonces, lo mismo. Volver a oír esas melodías que nos sabemos de memoria y tarareamos todavía deleitándonos la tonada, ya no con el gran coro y la orquesta grande, disminuido el teatro y el foro, empequeñecido el escenario, minorizado el coro, disminuidas las fuerzas orquestales, el espacio, la mezcla de lo que fue con lo que es, hacen que nuestra mente haga malabarismos difíciles de saltimbanqui que sube a la cuerda floja y ve hacia abajo el vacío, sí, que le produce vértigo pero también supremo deleite inexplicable y cosquilloso.

 Así que requerimos ponderar, necesitamos poner en la balanza, en ambos platillos, ingredientes distintos como diversos son los productos aunque ostenten y lleven el mismo nombre de pila, pero que en realidad, son otros de variante calor y calidad.

 La Orquesta Sinfónica IPN , cuya directora artística es la maestra Gabriela Díaz Alatriste, que festeja este año de Festejos su 45 Aniversario, se ha dado a la tarea de presentar a su público habitual, en el Auditorio Jaime Torres Bodet de Zacatenco, la ópera, en versión abreviada, notamos algunos cortes, suprimiendo la escena completa del ballet, de manera concertada con una puesta en escena sugerida, incluyendo algunos recursos muy elementales de trazo teatral, creada por el octogenario maestro José Solé, experimentado en sacar conejos del sombrero de copa o del bombín.  El hombre de teatro por antonomasia sabe muy bien que todo se vale cuando la imaginación del respetable público pone todo lo que falta y disimula, perdona, comprende, sabe.

 Llevando en el papel protagónico de Doña María Ignacia Rodríguez, "La Güera", a la hija de quien la estrenara y para cuya voz fue compuesta, la gran soprano muy querida por quien cronica, Guillermina Higareda, la también soprano Lorena Von Pastor. Este hecho le da un "Plus", un valor agregado a la función, pues ese pase de la estafeta artística de madre a hija en la misma ópera, no es tan común y pocas veces sucede algo parecido.

 Es de agradecerse y aplaudirse el esfuerzo realizado por llevar a la vida esa música hermosa, esos versos de Julio Alejandro, que entendimos muy bien gracias a los subtítulos de Francisco Méndez Padilla, esos cantos inspirados, que nos cuentan una historia sencilla, donde brilla esa mujer contrastante y difícil. Amorosa y llena de enjundia, que forma ya parte de la leyenda de éste país que apenas nacía. Ahora que se recuerda esa epopeya que empezó hace 200 años, sirva este ejemplo de que se necesita voluntad y esfuerzo, determinación y entusiasmo, para lograr cumplir las metas propuestas. Saludamos que la ópera de Carlos Jiménez Mabarak haya llegado nuevamente a nuestras almas y corazones. El maestro estaría feliz y agradecido. El era un hombre generoso y sencillo que gozaba inmensamente cada ocasión que alguna de sus obras era interpretada. Si aún anduviera por este mundo seguro nos llamaría por teléfono para que asistiéramos. Tiene la música esa gracia de ablandar corazones.