Araiza, Taméz, Navarrete: aniversarios y reconocimientos.               Por Manuel Yrízar.

 

Corresponde al Instituto Nacional de Bellas Artes dentro de las atribuciones que le son conferidas el honrar a los artistas de méritos comprobados que han brindado con sus carreras aportes meritorios y extraordinarios durante sus carreras. No solo se reconoce la trayectoria brillante de los beneficiados con esa distinción sino se ejemplifica al galardonado como digno de elogio y ejemplo. Así se ha hecho con distinguidos escritores, poetas, músicos, intérpretes, en una ceremonia donde se ponderan las virtudes por las que se les rinde esa distinción.

 

Este año 2010 cumplen importantes aniversarios dentro del terreno de los intérpretes del canto operático tres figuras diversas que han hecho una importante dentro de su profesión brindando al público actuaciones que han quedado allí en los diversos foros nacionales e internacionales. Los tenores Francisco Araiza, Alfonso Navarrete que cumplen 40 años de su debut como cantantes, ambos empezaron en 1970, y la soprano María Luisa Taméz que llega a los 30 años de carrera luego de su debut en 1980.

 

La reflexión a que me lleva este hecho donde se da la coincidencia de que artistas singulares merezcan ser recordados y reconocidos en vida y cuando aún se encuentran activos y no cuando se les diagnostica una enfermedad terminal que es cuando solo la mala conciencia del olvido injusto hace reaccionar a quienes tienen la obligación moral del reconocimiento. Es digno de aplauso que se ponderen los méritos del homenajeado cuando una fecha o un aniversario importante acaecen.

 

Francisco Araiza, tenor nacido en la ciudad de México en 1950 debutó en 1970 con la OFUNAM cantando el papel de un prisionero en la ópera "Fidelio" de Beethoven dirigido por el maestro Eduardo Mata. Desde 1975, año en que debutó internacionalmente en Europa empezó su importante carrera internacional hasta la fecha presentándose en todos los grandes teatros del mundo. Innumerables son los títulos de las óperas cantadas en su impresionante repertorio que lo hicieron un verdadero consagrado.

 

Alfonso Navarrete, originario del estado de Sonora, debutó en el Palacio de Bellas Artes de México interpretando el rol de Alfredo en "La Traviata" de Verdi. Canto exitosamente múltiples roles de su cuerda en diversos foros nacionales y en el extranjero. Durante más de 20 años fue primer tenor en la compañía nacional de ópera de Bellas Artes y siempre destacó como un auténtico profesional de su cuerda. Destacó también por su trabajo de liderazgo que lo caracteriza. Actualmente coordina al grupo de cantantes solistas del Instituto Nacional de Bellas Artes llevando el arte lírico a instituciones educativas tan importantes como la UNAM y el IPN.

 

María Luisa Taméz soprano de la ciudad de México debutó en 1980 en el Teatro del palacio de Bellas Artes cantando el papel de Inés en la ópera "La Favorita" de Donizetti. Una de las cantantes más queridas por el publico poseedora de una de las voces más bellas e importantes que ha dado México ha realizado una carrera rica y variada. Sigue activa ahora en la tesitura de mezzosoprano.

 

Hemos sabido, sin que esto haya trascendido de manera oficial, que el INBA prepara un homenaje, merecidísimo, al tenor Francisco Araiza.

 

Algunos particulares planean rendir otro Homenaje a la soprano María Luisa Taméz en el Alcazar de Chapultepec en fecha próxima.

 

No sabemos nada todavía de que alguien haya recordado al tenor Alfonso Navarrete.

 

En estos tiempos difíciles para la cultura nacional, principalmente para la ópera, que ha caído en  una inactividad preocupante ya por mucho tiempo, coincide sin embargo que ya se anuncia la reapertura del teatro del palacio de Bellas Artes dentro del marco de las Fiestas del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución mexicanas. Tiempos de reconciliación deben de ser estos dignos de ser aprovechados para reunir bajo la cúpula de Apolo y las Musas en la sala y el foro del teatro renovado a todos los cantantes mexicanos, radicados aquí o en el extranjero, a los directores musicales y escénicos, a los maestros de canto, a los técnicos, a los compositores, a los músicos, veteranos y jóvenes, consagrados y principiantes, en el lugar querido y común que todos queremos. Hacer justicia a todos los que han dejado una parte importante de sus vidas en el recinto que se reabre.

 

Ese podría ser el comienzo de un verdadero renacimiento de la ópera que tantas satisfacciones ha dado a México en el panorama mundial.

 

Es una propuesta que dejamos abierta a quien corresponda.