AYUDAR AL DESTINO. Reflexiones bohemias.

Por Manuel Yrízar.

 

De cómo encontrar la llave y prender la vela.

 

Cuando Mimí llega a la guardilla del poeta Rodolfo sabe a lo que va.  A ayudar al destino. Cuando Rodolfo esconde la llave también lo sabe. Ayuda al destino. Su objetivo es claro ambos: realizar el amor. Para llegar a el se valen de su experiencia y de su intuición. Saben lo que quieren y actúan para conseguirlo.

 

Así de sencillo.

 

Querer realizar lo que queremos y poner manos a la obra.

 

Así de fácil.

 

El objetivo es hacer ópera. Encontrar la llave que abra la puerta. La puerta del amor. La que nos permitirá conseguir lo que deseamos. Pero hay que hacerlo.

 

En eso pensaba cuando regresaba a la paz hogareña luego de disfrutar la función de la ópera "La Bohemia" de Puccini representada por la Compañía Nacional de Ópera del INBA en el Teatro de las Artes de Churubusco. Íbamos porque siempre nos pica el gusano de hacerlo nosotros mismos. Que no le digan, que no le cuenten, aconseja el merolico. Esta malísima. Tocamos fondo. Ni vayas. Leímos a críticos alarmados y alarmistas. Estuvo feo. Necios insistimos en ir. Y nos gusto mucho la función. ¿Falsa alarma? ¿Prejuicio? No lo creo. Hay funciones buenas y malas. A los otros les habrá tocado la mala.

 

Con un elenco sólido, experimentado, colmilludo, formado por algunos de nuestros mejores cantantes que ya han demostrado su valía y un equipo de trabajo deseoso y dispuesto de hacer las cosas bien la ópera corrió con puntual dignidad. Los bohemios sufrieron, gozaron, amaron, disfrutaron, murieron. La vieja historia de amores tétricos friolentos y apasionados, de celos, rencillas, rencores, besos, fue contada con el lenguaje universal de la música que hace que se olviden las penas propias contemplando las ajenas. El poeta Rodolfo dijo que era poeta. José Luis Duval lo dotó de voz: una hermosa voz de tenor. Corre esa voz por la sala clara, fresca y luminosa y alumbra corazones contritos. Voz en plenitud de belleza latina. Cálida. Limpia y fresca. La Mimí de Olivia Gorra es una Mimí verdadera. Otra voz que ilumina y cautiva. Su pareja es creíble. Rodolfo y Mimí se aman, se odian se dejan, regresan. Pasa otro tanto con otras dos voces bellas. Jorge Lagunes es ya veterano en estas lides. Tiene tablas y mundo recorrido. Y su voz es un elogio por sí misma. Su Marcelo aúna seriedad y simpatía. Bellísima la voz de Eugenia Garza. Cuando se escucha "lontana" e interna desde el interior de la taberna donde da clases de canto le comenté a mi acompañante "Oye la belleza de esa voz". Temperamental y apasionada la soprano es una Musetta personal. Completan el grupo de bohemios las voces de uno de nuestros bajos internacionales de más prestigio y experiencia, Rosendo Flores y el barítono Jesús Ibarra que no se amilana ante los experimentados y deja también oír su voz de  timbre oscuro. Carlos Serrano canto bien sus Benoit y Alcindoro. El coro canto muy bien. Y la orquesta sonó mejor de lo que nos habían contado. Una escenografía clásica y bien iluminada. Puesta en escena de corte tradicional.

 

Sin director titular la ópera puede hacerse. Ya el dimitente anterior dejo todo listo y amarrado. Instrumentarlo fue logro meritorio de quienes quedaron interinos.

 

No esperemos Mesías ni Supermanes.

 

La ópera requiere cirugía mayor. Lo que queda de ella que es mucho. La crisis puede traernos soluciones. Inteligentes. Pensadas. Reflexionadas.

 

Pero tenemos que ayudar al destino.