Vuelta a casa. La reapertura del Teatro de Bellas Artes.
Crónica del evento. Por Manuel Yrízar.
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“Nos vamos en el Metro. Nos deja allí mismo. Es mejor.” Eso decidimos Leticia y yo para asistir a la reapertura del Teatro, Sala principal dice el programa de mano, reinauguración, especifica. El esperado acontecimiento histórico. Y con tiempo, como rezaba la invitación, suficiente y anticipado salimos a la fiesta. Contentos y satisfechos. Pasaron un poco más de dos años para regresar a ese querido lugar. Con la invitación a la mano.
“Se avisa al público usuario que están cerradas las estaciones “Bellas Artes” y “Zócalo”. “¡En la torre¡ Aquí nos tenemos que bajar.” Eso nos sucedió en la estación “Hidalgo”. “Nos queda cerca. Cruzamos la Alameda y llegamos pronto.” Eso creíamos. Allí empezó la casi agotadora odisea. Cerrada la salida al grato lugar arbolado nos mandan a la Avenida. Y, surrealista panorama desolado, todo esta bardeado de vallas metálicas. Cerrados todos los accesos y custodiados por soldados del estado mayor presidencial. Una muchedumbre viene en sentido contrario atestando la banqueta donde los ambulantes ocupan gran parte de la acera. ¿Calcuta o Babilonia? No. La caótica ciudad de México. Detritus federal. A pedalear. Leticia pregunta al militar. Todo derecho hasta el Eje Central. Allí a la derecha a Bellas Artes. Seguimos pues sus instrucciones. Sorteando obstáculos y tratando de no pisar la mercancía ni ser arrollados por los viandantes en contra arribamos a nuestro destino. Todavía allí pasamos todas las medidas de seguridad. Presentación de la invitación. Revisiones.
Ya estamos frente a dos enormes pantallas a color que toman la fachada del hermoso Palacio iluminado luciendo en todo su esplendor. Nos vemos allí diminutos en la pantalla. Traspasamos la puerta del infierno o paraíso.
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Ya muchos de los amables invitados esperan entrar al renovado templo pagano del arte. Venerable coloso de mármol que ha visto impávido e inmóvil pasar por esa sala la historia del arte mexicano y universal. Caras conocidas y queridas que también regresan. El camino quitarán pero la querencia cuando. Sonrientes y bien portados conversan y cuchichean las novedades de la novedad. Los críticos Lázaro Azar y su amigo Iván Martínez son de los primeros que divisamos. El cronista del diario REFORMA sacó a relucir uno de sus mejores rebozos para esta solemne ocasión. Floreo su atuendo al mismo tiempo que lo saludo. Refunfuñón Ivanito saluda a Leticia. A Genaro Sulvarán, barítono veracruzano, unimos al grupo que formamos el poeta de la música Pablo Espinosa, de “La Jornada” y su esposa. Aurora Delhaye nos invita al concierto del domingo en el Alcazar. Hablamos bien del disco de Cri-Crí sinfónico que grabará en edición privada la Orquesta Juvenil de Veracruz. Siguen llegando caras conocidas y personajes de la política. La espera se vuelve charla y tertulia. Grata y tersa. Ya nos llaman a entrar al recinto renovado.
En 1934, otro presidente presidió la inauguración: Abelardo L. Rodríguez. Ahora será Felipe Calderón quien lo reabra.
¿Teatro nuevo vida nueva? Cuando cruzamos el umbral que permaneciera cerrado un poco más de dos años la sensación de estar donde estuvimos y conocimos es especial y disímbolo. Saltan a la vista y al recuerdo las novedades mezcladas con lo que nada cambió. Lo que creímos saber de memoria y que ahora llega retorcido a nuestra mente haciendo juegos malabares en el cerebro.
“Porque yo ya no soy yo ni mi cada es ya mi casa” paradoja lorquiana que resume en verso esa sensación inusual.
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“Subimos a los elevadores por el lado derecho pues nos asignado lugar en la Galería, la amada, la querida “Gallera”. Allí donde el sonido llega desde abajo y rebotando en la cúpula de Apolo y las musas cambia variado y diferente dependiendo del lugar que te haya tocado. En ese alto sitio donde sentíamos vértigo al mirar hacia abajo a los músicos y cantantes disminuidos por la distancia. Desde hace más de cuarenta años cuando estudiantes imberbes entrábamos como podíamos casi siempre colados y mañosos a la Temporada de Ópera Internacional a oír a Alfredo Kraus, Vicente Sardinero y Bianca Berini cantar “La Favorita” de Gaetano Donizetti. Y deleitarnos con esas voces escuchadas en el “Estereo”, vieja consola que todavía tiene mi madre y ya no sabe que hacer con ella. Los LPs de vinilo negro que aún escucho ahora escuchados en vivo y en sito. Éramos jóvenes y soñadores entonces. Seguimos siendo soñadores. Escuchar esas delicias llenaba nuestras almas de un gozo indescriptible muy cercano a la felicidad perfecta. Allí nos enfermamos sin remedio del mal de la “operitis aguda” del que todavía, para nuestra desgracia, no nos hemos podido curar. Rito de llegar al teatro lleno de señoras enjoyadas y señores de corbata de moño vestidos de pingüinos solemnes. Corría todavía la década de los años 60s.
Ahora nos encontramos una gallera renovada totalmente distinta. Las butacas son menos y más cómodas. El vértigo desaparece pues ya no sentimos que vamos a caer en el abismo o en el foso místico wagneriano y parsifalino. Amables acomodadores nos indican tener cuidado con los nuevos escalones. Nos sentamos en la fila “D” en los asientos 19 y 20, justo al centro. Desde allí contemplamos la hermosa vista de los volcanes Popocatepetl e Iztacihuatl que en telón de cristal cierra el foro. Esa imagen que aparece en el programa de mano en toda su espléndida belleza.
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Sube lentamente el gran telón de bronce y cristal y aparece la Orquesta Sinfónica Nacional y el coro del Teatro dispuestos a hacer sonar voces e instrumentos. Los funcionarios, son cinco, Vicencio, Saízar, Calderón, Zavala de Calderón, y Lujambio. A ellos corresponde inaugurar el teatro renovado. Los vemos de pie al centro del escenario. La música y las estrofas del “Himno Nacional” de México es lo primero que escuchamos. Luego vendrán los discursos.
Concluido el acto político y protocolario que dura alrededor de 40 minutos los funcionarios suben al palco central que los espera. El concierto esta a punto de comenzar.
Carlos Miguel Prieto, director titular de la OSN, da el primer batutazo y suena ya la “Sinfonía núm.2, India” de Carlos Chávez. Suena el sonido nuevo. Renovado sonido que nos confunde. Es otro sonido nunca oído. La memoria auditiva del oyente que fuimos ayer choca con el oidor nuevo que somos ahora. Descontrola oír una cuerda empequeñecida, disminuida, “chiquita” y “lejana”; entran los alientos madera y el sonido de la flauta y el flautín se engrandecen estridentes y “pitudos”. Las percusiones se oyen claras y transparentes, un poco secas pero presentes. No es una de las mejores interpretaciones de esta orquesta que suena desnivelada, desbalanceada, con problemas de afinación, no van juntos, no armonizan, en resumidas cuentas, suenan feo. Mal. Por más que pegue brincos Prieto.
Cambia totalmente el sonido con la obra de estreno encargada para el evento “Duelo de siglos” de Federico Ibarra. La tuba empieza con el tema principal y suena hermosa, grande y grave. Sube ese sonido del metal cavernoso y deleita el oído con su gravedad profunda. Entran los contrabajos, no todos al unísono y desafinados, y su sonido, salvo el defectuoso balance, es gratificante. Toda la obra tiene un agradable sabor oscuro que deleita.
El “Segundo himno nacional mexicano”, el “Huapango” de Moncayo cierra la intervención de esta muy poco afortunada presentación de la OSN. Lectura llena de errores e inexactitudes, pifias garrafales en los solos, como ese corno que más que gallo semeja guajolote, o esa flauta que jamás pudo dar la melodía conocidísima y que tropezaba gimoteante y casi pestilente. Un arpa que no encontraba las notas. Y una Orquesta sinfónica Nacional que amplificó sus defectos archiconocidos. Urge trabajar.
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Mejor sonó, que no sonó bien del todo, la otra orquesta, la de la “Ópera de Bellas Artes” después del intermedio donde bajamos a la luneta a saludar a amigos muchos queridos.
La dirigió el griego Nicza Bareza, que esta aquí para el “Fidelio” de Beethoven. Mostró dotes de profesional serio.
Horroroso sonó la obertura de “Los maestros cantores” de Wagner. Una ridícula caricatura de tan bella partitura.
Mejor estuvieron las piezas operáticas de Beethoven, Verdi, Mascagni, Bizet, que tienen más estudiadas interpretadas por el coro y la orquesta, base de la ópera que deberá ya ponerse a hacer lo que debe, funciones de ópera. Ya viene un “Fidelio” que se nos antoja piedra de toque para ver si de veras en San Juan hace aire.
Salimos del Teatro una vez más al caos urbano en esa noche donde los hados salieron a las calles a retozar.
México D.F. noviembre de 2010.
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La arquitectura de la sala principal del Palacio de Bellas Artes se caracterizó por estar realizada hasta en sus mínimos detalles en Art-decó. El primer proyecto lo realizó el arquitecto italiano Adamo Boari en un estilo ecléctico finisecular, pero los acontecimientos históricos no permitieron que se terminara tal construcción. En 1931 Federico Mariscal retomó la construcción y cambió completamente el proyecto de la sala de espectáculos, convirtiendo el proyecto de teatro decimonónico propuesto por Boari en una sala moderna cuya decoración se realizó, como se ha dicho, en todos sus detalles en Art-Decó. Tal maravillosa decoración Art-Decó le dio fama mundial de ser el único teatro de ópera del mundo en ese estilo. Esa fue una de las razones por las cuales la UNESCO declaró en 1987 el edificio como Monumento Artístico.
La intervención que se ha realizado ha destruido una gran parte de esa maravilla. El resultado es una sala que parece un cine. El piso de la platea tenía una suave inclinación que daba una amplia superficie plana propicia a la acústica. Tal forma arquitectónica, usual en los grandes teatros de ópera, fue cambiada por escalones que con sus ángulos destruyen la acústica. Para el piso se utilizó una madera de una tonalidad muy clara con resultados nada favorables para la estética del recinto. Las butacas de teatro fueron cambiadas en su totalidad por butacas que no tienen nada que ver con el estilo Art-Decó y parecen de cine.
Se destruyó la arquitectura de los palcos haciéndolos más pequeños y recubriendo toda la pared con madera de nogal. El Art-decó se caracteriza por utilizar madera laqueada. La madera laqueada es el elemento central del Art-Decó. La laca es fundamental. El color natural es una cisma con el estilo. Las puertas de los palcos fueron cambiadas por puertas también de nogal que parecen de closet. Los detalles Art-Decó desaparecieron o quedaron inperceptiples por esa desafortunada intervención. La madera de nogal no corresponde a la decoración interior original Art-Decó. Esa intervención destruyó la arquitectura de los palcos.
La señora Teresa Vicencio (La Jornada 17 de noviembre) ha explicado que con esa intervención se ha realizado la intención del proyecto de Adamo Boari. Pero el proyecto de sala propuesto por Adamo Boari nunca se construyó. Lo que se construyó fue el proyecto de Federico Mariscal. De tal modo, al realizarse esta intervención, se incorporó algo de un proyecto de una sala no construida y muy diferente de lo finalmente realizado.
También se recubrió con madera de nogal los balcones, los antepechos del primero, segundo y tercer piso. Los palcos de honor fueron cubiertos en su totalidad con tal material ajeno a la decoración original. Las grandes puertas de acceso a la sala se retiraron y se pusieron en su lugar puertas modernas en un estilo indefinido que podría estar en cualquier cine. Muchos elementos decorativos en las puertas y los balcones desaparecieron, se retiraron o simplemente ya no son identificables. Se construyó una cabina de sonido al fondo de la platea en un estilo moderno que igual podría ser una caseta de cobro. Todos estos cambios han provocado una reducción de 300 butacas.
En los pasillos laterales se cambió la franja negra que decoraba la pared a un metro de altura por madera de nogal que desentona con la concepción original del espacio en blanco y negro. En la antesala, inmediatamente después de cruzar los portones del vestíbulo se colocaron espejos con marcos también en nogal que recuerdan en su forma las artesanías del Bazar de San Ángel y que, consecuentemente no tienen nada que ver con el estilo Art-Decó.
El proyecto de remodelación anunciado hace tres años se publicó como una modernización de la maquinaria del escenario.
Las convenciones internacionales de preservación de teatros históricos indican que se puede intervenir la mecánica del escenario, pero no se debe alterar la decoración de la sala. Sin publicarse tal acción ni ponerse a discusión pública se ha intervenido la sala dejándola como un cine. Esa destrucción del patrimonio nacional ha costado 700 millones de pesos y ha destruido la internacionalmente famosa unidad estilística de la sala de Bellas Artes. Asociaciones internacionales han comenzado a presentar su protesta ante la UNESCO e ICOMOS por esta destrucción del patrimonio artístico mexicano.
La destrucción de la sala de espectáculos de Bellas Artes recuerda dolorosamente que en la ciudad de México durante el siglo XX se destruyeron todos los teatros de ópera o teatros que podían servir para representar ópera (el Gran Teatro Imperial –la obra maestra de Lorenzo de la Hidalga con una capacidad de butacas del doble de Bellas Artes se convirtió en calle-, el Teatro Renacimiento, el Teatro Arbeu, el Teatro Xicoténcatl, el Teatro Principal (del siglo XVIII convertido hoy en un estacionamiento), el Teatro Lírico (destruido hace menos de dos décadas y del cual solo queda la fachada en la calle de Cuba). Esa situación es particularmente dramática en una ciudad de 20 millones de habitantes en la que debería haber por lo menos 10 teatros de ópera para que la población pueda tener acceso a la cultura y la educación.
La destrucción de la unidad estilística de la sala de espectáculos de Bellas Artes inevitablemente llevará a que la UNESCO retire al recinto la calidad de Monumento Artístico otorgada en 1987. Es necesario cerrar la sala y contratar a los mejores restauradores del mundo para intentar salvar lo que aun se pueda salvar de lo que fue la obra maestra del Art-Decó.
Considero que es muy importante protestar escribiendo a las siguientes personas.
a -ICOMOS, Organizacón Internacional para protección de patrimonio cultural: secretariat@icomos.org. //
b- Francesco BANDARIN, Director del Centro Patrimonio Mundial de la UNESCO: f.bandarin@unesco.org //
c - Lista de diputados miembrosde la comisión de cultura
http://sitl.diputados.gob.mx/integrantes_de_comision.php?comt=17
d - Dip. José Alfonso Suárez del Real y Aguilera(Presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados) jose.suarezdelreal@congreso.gob.mx