La Orquesta Sinfónica Nacional regresa a Bellas Artes.

Un domingo en el Palacio de Mármol. Por Manuel Yrízar.

La Orquesta Sinfónica Nacional ha estado tan ocupada haciendo su propia historia…”

(Beatriz Maupomé, OSN Sonidos de un espacio en libertad, 2004)

Largos se hicieron los más de dos años en que el amado teatro de Bellas Artes permaneció cerrado remozándose, restaurándose, cambiando de rostro y estructura, haciéndose nuevo lo que era viejo.

Más que centenario ese espacio que “en tiempos en que era Dios Omnipotente y el señor don Porfirio presidente” se empezó a levantar esa obra colosal que debería ser el teatro de la ópera de una ciudad de México que llegaba a la modernidad, al orden y el progreso. Eso se pensaba. Pero “vino un remolino y nos alevantó”. La revolución maderista de 1910 sacó al general Díaz del poder y la construcción se detuvo hasta 1934 en que se inauguró. El hombre propone. El Diablo lo descompone. Le historia es harto conocida y no la repetiremos. Cien años después el teatro ha sido totalmente renovado.

No le fue muy bien a la OSN la noche que se reabrió la llamada Sala Principal del Palacio. Fue uno de esos días en que las cosas salieron mal. Un mal hado anduvo rondando esa noche solemne. Así fue. En lo que algunos consideraron “un merecido castigo” como niño regañado el conjunto musical sinfónico ya no continuó los conciertos previstos. Fue hasta ahora en que nuestra principal orquesta sinfónica, así debía serlo, regreso a su sede natural crecida al castigo impuesto y con nuevos brios. ¡En hora buena ¡

He de confesar sin pudor ninguno que este testimonio es absolutamente personal y subjetivo. Producto de muchos años de ser público inconstante pero fiel de esta OSN tan querida y apreciada. Con ella sucede como cuando nos ponemos sentimentales con el primer amor que se nos incrustó en el alma y al cual somos fieles en las buenas y en las malas. Ese cariño quizás un poco enfermizo y morboso pero como dice el bolero que cantan “Los Panchos” es “cariño verdad”. ¿O lo cantan “Los Churumbeles?.

Claro que esta orquesta fue la primera que escuchamos en vivo cuando adolecíamos. Dichosa edad u dichosos tiempos. También fue la primera que grabamos para la televisión en los ya lejanos años 80 del siglo pasado cuando llegábamos al teatro de Bellas Artes a transmitir en vivo los conciertos dominicales que se transmitían vía micro-ondas en vivo y a control remoto a las 12 del mediodía por la frecuencia televisiva del Canal 11 de televisión del IPN. Asistíamos temprano a montar las cámaras y los micrófonos. Los pesados armatostes que eran esas cámaras se subían materialmente “a lomo” al segundo piso y a los palcos de ese mismo anfiteatro. Una tarima poníamos sobre el foro para los comentarios y las entrevistas a los directores y artistas invitados. Era maravilloso asistir desde días antes a los ensayos a marcar las partituras con el asesor musical de las obras que se interpretarían. Subir al camión de la unidad móvil y desde ese lugar comunicarse con transmisión: “Estamos en vivo. Salimos al aire…”

Entonces era lo más natural hacer esa labor de promoción y difusión de los conciertos y la ópera.

Volver ahora como público villamelón tan solo a disfrutar del gusto de deleitarnos con la música es una experiencia harto placentera. Un poco escépticos acudimos al querido teatro pues aquí hemos escuchado buenos, excelentes, excelsos, conciertos como también otros malos, mediocres y pésimos. De todo, como en botica. Así es, así ha sido y así será. ¿Qué nos deparará el destino para esta mañana soleada?

La primera sorpresa nos la da la guapa y curvilínea violinista que entra en su papel de concertino alegrando la pupila y el ánimo con elegancia y garbo. Como jefa de la orquesta empieza el ritual de la afinación: ya suena el LA en los instrumentos. Reconocemos a la artista: es Shari Mason, quien lucirá después en sus solos con Shostakóvich. Bien empieza esto. Mucho nos alegra verla en ese lugar.

Lo primero que toca la OSN bajo la dirección de su titular el maestro Carlos Miguel Prieto es una obra que no conocíamos, LINTUKOTO (Isla del gozo) del compositor finlandés Einojuhani Rautavaara (1928). No suena mal la orquesta. La obra esta llena de sutilezas y sirve para preparar el paladar del melómano.

Como si se tratara de competencia de violinistas mujeres hermosas aparece la solista Karen Gomyo, nacida en Tokio y que creció en Montreal. Leemos en las notas al programa que la solista toca un violín Stravidarius que fue adquirido para su uso exclusivo por un patrocinador privado. Será el Concierto para violín y orquesta num.2 en sol menor; Op.63 de Sergei Prokófiev el que escucharemos. La obra comienza con un solo del violín que desde que lo escuchamos sabemos que estamos ante una artista de primer nivel. El sonido es bello y llega a la sala con prístina nitidez. ¡Que bien suena ese instrumento¡ Y suena bien la orquesta que entra afinada y precisa aceptando el reto que se le brinda en su regreso. Serios pero entusiastas vemos a los músicos. Afinados, a tiempo, precisos, matizando, siguiendo las instrucciones de su titular. ¡Qué bonito es lo bonito¡. El Allegro moderato transcurre con una OSN como inspirada de volver. Mucho mejor el movimiento segundo Andante assai donde la solista tiene la oportunidad de lucimiento absoluto. No se queda atrás la orquesta. Todas las sesiones brillan: violines, violas, violoncellos. Matizan. Suben y bajan. Aumentan y disminuyen. Alientos maderas. Metales. Percusiones. Así suena una orquesta sinfónica cuando suena bien. Termina la obra con el Allegro ben marcato ya en el control absoluto de su dinámica orquestal. La acústica del teatro nos gusta mucho. El sonido es cálido y brillante.

En el intermedio se me acerca el periodista de EXCELSIOR Luis Carlos Sánchez quien me pide le de mi opinión como visitante asiduo y frecuente a esta sala renovada. Con gusto le digo lo que siento.

Finalizará el concierto inaugural con el plato fuerte: la Sinfonía núm.1 en fa menor, Op. 10 del compositor ruso Dmitri Shostakovich. Y aquí se cierra esta tarde. Bien, muy bien suena la OSN. Ya aquí acaban de sacarse la espina. Suena como orquesta de verdad. Todas las familias de instrumentos tienen oportunidad de lucimiento. La obra sinfónica primera del ruso es ya desde siempre una obra exitosa y lucidora. Llena la sala el sonido bello de una orquesta tocando bien. En los TUTTI llega hasta nosotros terso y brillante, un sonido nuevo tiene la sala, un sonido bien timbrado y brillante, una acústica que mucho nos agrada. Los metales suenan poderosos: trompetas, trombones, cornos, tuba. La cuerda es limpia y los alientos bien timbrados. Las percusiones suenan con color, profundidad, dimensión, proyección. Muy contentos salimos de esta experiencia. La música redime. Consuela. Salva.

México D.F. 30 de enero de 2011.