LA OSN EN PLAN GRANDE CON LA 11 DE SHOSTAKOVICH.
Por Manuel Yrízar.
De vuelta a casa, luego de sus años de peregrinar en otras sedes, la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) regresa a su sede, la sala principal del palacio de Bellas Artes, a refrendar pasadas glorias en plan grande. Ya desde el primer concierto nos sorprendió lo bien que sonaba. En el segundo mantuvo bien su nivel. Pero en este tercer concierto de la temporada sonó como debe sonar una orquesta: muy bien.
Agoreros catastrofistas, críticos, criticones y criticastros, no tantos, se han ensañado con vehemencia contra la agrupación no sin razón algunas veces. Malos adjetivos le han endilgado. Ofensivos algunos. Como banderillas o puyazos en el lomo del toro bravo para acicatearlo y que muestre la casta y el pundonor. Con mala leche otras. Llegando a la pedantería del sabelotodo que nada perdona y señala con índice de fuego flamígero errores y fallas. Críticas coherentes y justas las ha habido también. No todas. No siempre. Pero la mala fama que le endilgan no puede ser eterna. Ni perdurable. La OSN ha mejorado.
Este aficionado, melómano villamelón, ha seguido a la OSN, muchos años, más de 30, en las buenas y en las malas, con diferentes directores, y por ello me atrevo a dar una opinión, un punto de vista personal.
Y ayer, domingo 13 de febrero de 2011, salí eufórico, emocionado y conmovido de la experiencia.
No auguraba lo que sucedería el panorama un tanto desolado de la sala con un público dominguero bastante aletargado y somnoliento que se acomodaba languideciente y amodorrado en sus butacas nuevas. Huecos aquí y allá. Casi vacías las filas laterales el publico ocupaba adelante al centro y se desperdigaba aquí y allá. “Cuaunáhuac” de Silvestre Revueltas abrió, con más pena que gloria, el concierto. No fue la lectura de la partitura revueltiana digna de considerarse o recordar.
Mucho mejoró el asunto con el Concierto para piano y orquesta núm.2 en Fa Mayor Op. 102 de Dmitri Shostakóvich llevando como solista a un pianista de verdadero lujo: el cubano Jorge Luis Prats. Destacado como uno de los pianistas latinoamericanos más sólidos e importantes su lectura de esta obra fue de alta calidad. Bien se acopló con la batuta de Carlos Miguel Prieto y la OSN estuvo al par del pianista quien regaló varios encores que fueron festejados por el receptivo y ya despierto auditorio.
Luego del intermedio vino lo bueno.
La Sinfonía núm. 11 en sol menor, Op. 103 del mismo autor: Dmitri Shostakovich.
Aquí si la OSN se sublimó y rindió un concierto memorable. Cerca de una hora de música llevada a su máximo nivel de rigor y de concentración. Un Carlos Miguel Prieto entregado a una partitura que requiere sacar a relucir todo el conocimiento y el oficio que un músico puede alcanzar. Desde que la obra elocuente, emotiva, exuberante y trágica del compositor ruso comienza en suaves pasajes descriptivos hasta el final elocuente y apoteósico el director titular de la OSN brindo una de las mejores interpretaciones que le hemos oído. Nada desmereció en ese transcurrir sonoro. Orquesta transfigurada. Orquesta sublimada. Orquesta inspirada y entregada. Matices y sutilezas. Delicados sonidos y furia estruendosa. Un trabajo limpio y elocuente. El mejor elogio que pueda hacerse a una OSN irreconocible. Grata experiencia para el espíritu.
Debe regresar el público a escuchar a la OSN. Es importante que estos conciertos puedan disfrutarlos un mayor número de oyentes. En esta vuelta a casa la OSN necesita oídos críticos atentos. Hay que asistir.
México Distrito Federal, febrero de 2011.

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