De la tele al escenario: las hijas de ÓPERA PRIMA.
Por Manuel Yrízar.
El domingo y el martes participamos del rito. De la liturgia de la ópera. Es como ir a Misa los domingos y fiestas de guardar. Obligatorio. Bajo pena de pecado mortal. O venial. Según el caso.
En el Teatro-Templo Blanco y Marmóreo del Palacio de Bellas Artes. Los congregantes íbamos confesados y contritos. Puros.
“La hija del regimiento”. Ópera en dos actos de Gaetano Donizetti.
Este ciclo tenía como atractivo principal, aparte del Belcantoy la música chispeante y romántica de la obra cómica, el hecho de que en ella participarían en el papel protagónico dos sopranos triunfadoras que dieron mucho de que hablar el año pasado de 2010 cuando saltaron a la fama y se hicieron famosas por haber participado y ganado en el Show televisivo cultural, valga la contradicción, ÓPERA PRIMA Las voces del Bicentenario que nos mantuvo a los tele adictos pegados a la pantalla durante los meses en que se desarrollo este concurso de cantantes de ópera por el Canal 22. Patricia Santos y Leticia de Altamirano.
La expectación se sentía en la sala desde el día del estreno.
Dimes y diretes en la butaquería. Luneta, anfiteatro, galería, palcos. Lleno el recinto como debe de ser. Esos murmullos y ese cuchicheo característicos de los días en que estamos ciertos que algo va a pasar. Los músicos de la orquesta tocando antes de que empiece la función. Siguen llegando los atrasados que suben presurosos la escalinata de entrada. Subir esos escalones de mármol negro y traspasar la espectacular puerta de bronce antes de que los ujieres la cierren justo en tus narices es penetrar en un espacio sagrado. Desde que los amables aunque serios porteros que te reciben con la máquina lectora de boletos que prende su luz roja y canta igual ya nada es lo mismo. Estás dentro de una ceremonia antigua y noble. Participas y comulgas ya del teatro que te saca de lo real. Lo maravilloso tiene su sede en ese lugar distinto a todos los lugares.

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